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El Sistema de Alimentación Ininterrumpida protege los equipos frente a las numerosas perturbaciones de la red, desde microcortes y oscilaciones de tensión hasta armónicos y variaciones de frecuencia, y en el caso extremo de un apagón, proporciona energía de manera temporal mediante baterías con el fin de que los equipos sigan operativos o se desconecten de forma segura.
Su utilidad como protectores y suministradores eléctricos de todo tipo de cargas es versátil por definición. Esta doble funcionalidad es aprovechada por innumerables empresas, industrias, organizaciones, viviendas e infraestructuras, aunque sus necesidades son desde luego muy diversas, dependiendo de factores como la capacidad de carga y la distribución de la energía. Partiendo de tales requisitos, una primera decisión a la hora de adquirir un SAI es si debe tratarse de un modelo monofásico o trifásico.
Protección y suministro adaptables
Un SAI monofásico se puede considerar como el punto de entrada a este tipo de sistemas. Tienen una sola entrada, una sola salida y su única tensión senoidal se transmite a través de un circuito formado por dos cables: una fase y el neutro. Su uso se ciñe en general a aplicaciones que requieren una potencia reducida, generalmente por debajo de 10 kVA o como mucho 20 kVA, sobre todo pequeñas instalaciones domésticas, oficinas y comercios.
Los SAI monofásicos suelen utilizar enchufes convencionales de tipo schuko. Dado que utilizan un solo cable, el riesgo de sobrecalentamiento limita su potencia. Sus principales ventajas son un coste ajustado y una instalación sencilla, a menudo de tipo plug & play. En cambio, los SAI trifásicos recurren a tres conductores por separado que proporcionan sendas ondas senoidales para alimentar las cargas de forma continua; de ahí que necesiten un mínimo de cuatro cables: uno para cada fase más el neutro. La salida, por su parte, puede ser monofásica o trifásica. Los SAI trifásicos se utilizan en instalaciones de mayor tamaño y con cargas de carácter crítico: desde centros de datos y hospitales hasta plantas industriales y complejos de oficinas, además de la protección de equipos que incorporan motores, como ascensores, bombas y ventiladores. Los SAI trifásicos suelen estar diseñados para asumir cargas superiores a 20 kVA, si pueden llegar hasta el orden de los megavatios. Junto esta mayor capacidad, son más eficientes al distribuir la carga entre las fases, de modo que los cables pueden ser más finas que con un SAI monofásico. Esto aumenta a su vez la estabilidad y la fiabilidad del suministro cuando la potencia alcanza unos valores significativos.
Ahora bien, las necesidades de empresas e industrias son a menudo cambiantes y, por tanto, exigen diferentes configuraciones de alimentación. Resulta especialmente interesante el caso de los SAI versátiles para instalaciones pequeñas y potencias bajas o medias (hasta 20 kVA), como los SLC TWIN PRO RT3 MULTI, que permiten cubrir ambos tipos de instalación, y siempre recurriendo a baterías externas que aumenten su autonomía con el fin de cubrir, por ejemplo, un mayor número de servidores, o bien de ofrecer respaldo (back-up) durante más tiempo.
La mayor capacidad del SAI en cuanto a potencia se puede obtener conectando varias unidades en paralelo, con la posibilidad adicional de dotarles de redundancia en caso de fallo o para ofrecer continuidad mientras se efectúan tareas de mantenimiento. Por último, la gestión de las cargas más críticas se puede personalizar por medio de segmentación, estableciendo para ello dos niveles de prioridad. Esta priorización del suministro por parte del SAI también se puede establecer para tomar medidas incluso más cruciales cuando, por ejemplo, transcurridos un cierto tiempo tras el fallo de suministro de la red, se alimentan en exclusiva los equipos críticos.















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