La ciberseguridad ha ido ascendiendo durante los últimos años en el escalafón de las preocupaciones para las empresas. Las cifras justifican este temor: cada día son atacados más de 30.000 sitios web en todo el mundo y dos de cada tres empresas han sufrido ya algún tipo de ciberataque. Esta amenaza es constante y no deja de crecer, pues se estima que a diario se crean más de medio millón de elementos de malware, y a día de hoy alimentado por el mal uso de la inteligencia artificial.
El riesgo para las empresas se ve amplificado por la acelerada digitalización de sus procesos, tanto en sectores de servicios como industriales. Es cierto que el mercado ofrece soluciones enormemente efectivas y rentables que permiten el acceso remoto y perfeccionan los procesos de producción, control y distribución. No obstante, esta evolución ha abierto la puerta a nuevas vulnerabilidades bien conocidas y ampliamente difundidas en los medios de comunicación, como virus que provocan pérdidas de datos. Otra consecuencia no tan publicitada, pero aún más relevante de estos ataques, es el corte del suministro eléctrico, tan perjudicial que ocasiona alrededor de un 40% de estas pérdidas. El Departamento de Energía de EE.UU. estima que los cortes de suministro representan un coste anual de unos 150.000 millones de dólares en ese país.
A la protección frente a este tipo de ataques se implementan los SAI, con carácter crítico, para que avalen una alimentación estable y permanente de servidores de bases de datos que puedan contener información sensible de las empresas o las administraciones públicas. En el entorno industrial, que se encuentra en plena transformación al adoptar el concepto de Industria 4.0 y la conectividad inteligente de IoT (Internet de las Cosas Industrial), los SAI también desempeñan un papel primordial para permitir la fabricación, supervisión, control y seguridad de los procesos de manera continua.
La monitorización constante del SAI permite también el aviso ante una situación de anormalidad y, durante un ciberataque, donde es normal que haya un aumento de la potencia demandada de los equipos, este sistema puede notificar del aumento de trabajo de los recursos para poder actuar a tiempo.
Para que el SAI desempeñe sus funciones de manera óptima es necesario que se encuentre en perfectas condiciones. Sin embargo, algunos estudios señalan que alrededor del 20% de los SAI instalados han superado su vida útil y ello representa un riesgo por dos motivos: la menor fiabilidad debida a la obsolescencia y una mayor exposición a ciberataques. Es aconsejable, por tanto, dotar a toda infraestructura relevante de unos SAI con las especificaciones adecuadas, pero también dentro de su vida útil y debidamente actualizados por lo que se refiere al firmware.
La capacidad tecnológica de Salicru permite dotar a sus clientes asimismo de soluciones en la nube de protección energética que se pueden implantar en redes privadas, tanto internas como externas, así como en puestos de trabajo remotos. El auge del teletrabajo y la organización híbrida (presencial y remota) de las empresas catalizan la demanda de SAI destinados a este entorno llamado a seguir expandiéndose en los próximos años.











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