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La enorme transformación que está experimentando el mercado energético mundial está lleno de incógnitas, pero el objetivo está claro: dar un mayor protagonismo a las fuentes renovables. Solo así será posible cumplir, o por lo menos aproximarse, a los objetivos de reducción de emisiones de carbono en línea con lo establecido en los manifiestos de las últimas cumbres del clima celebradas en Paris, Glasgow y Sharm El Sheij, respectivamente.
El cumplimiento de estas metas, en paralelo al desarrollo económico y social, exige por tanto la implantación decidida de plantas generadoras de electricidad a partir de fuentes como la luz solar.
En España, por ejemplo, en el año 2022 se ha instalado más potencia solar fotovoltaica que nunca antes en un año. Según Red Eléctrica de España (REE) se estima que el parque solar FV nacional, que suma ya más de 18.700 megavatios de potencia, cierra el 2022 con una producción cercana a los 28.000 gigavatios hora. Unos datos que suponen una producción fotovoltaica un 33% más alta que en el 2021 y que han propiciado que las placas fotovoltaicas se sitúen por primera vez como cuarta tecnología del mix de generación (representando el 10%).
El creciente protagonismo de las energías renovables con el fin de reducir las emisiones de dióxido de carbono, y por tanto de frenar el calentamiento global, es por tanto un hecho insoslayable. Tanto gobiernos como empresas y consumidores están concienciados, en una amplia mayoría, de la necesidad de consumir menos energía y de generarla de forma sostenible. Esta concienciación también tiene argumentos de peso de tipo económico que han consolidado el autoconsumo como una tendencia en auge.
Y por eso, los tejados de nuestras viviendas se cubren cada vez más con paneles solares que nos permiten producir nuestra propia electricidad, reducir una factura eléctrica cuyo importe crece sin cesar y disminuir la dependencia de la red convencional. Todo ello aprovechando la energía procedente del Sol, que es la más limpia y ecológica.
Del panel a la red eléctrica
El proceso de transformación de la energía solar en electricidad utilizable por los consumidores consta de diversos equipos y sin duda uno de los más importantes es el inversor solar ya que es el encargado de transformar la corriente continua (DC) proporcionada por el panel solar en la corriente alterna (CA) que circula por la red eléctrica y llega hasta empresas y viviendas.
El inversor solar desempeña un papel primordial ya que cuanto mayor sea su eficiencia energética, más rendimiento se extrae de la instalación y mayor es su aprovechamiento.
Los inversores solares suelen ofrecen un rendimiento superior al 90%, si bien depende mucho del fabricante y el modelo y en ningún caso se alcanza el 100% ya que el funcionamiento del equipo consume una pequeña cantidad de energía.
La eficiencia del inversor se puede incrementar por medio de una técnica electrónica denominada MPPT (Maximum Power Point Tracker). El objetivo del sistema MPPT es lograr que el inversor trabaje en todo momento en el punto de óptimo de su curva V-I (tensión-intensidad), la cual depende a su vez de diversos factores que influyen sobre el funcionamiento del panel fotovoltaico, como su orientación, latitud, nivel de irradiación, temperatura y presencia de sombras, entre otros. Dicho de otro modo, el control MPPT permite extraer la máxima potencia de cada célula solar, y por tanto optimiza la eficiencia.
En busca del máximo rendimiento
Aunque el 100% es una meta imposible, los fabricantes de referencia se han acercado en la medida de sus posibilidades por medio de sus inversores solares de nueva generación. Tal es el caso de Salicru con sus series de inversores solares de conexión a red, idóneos para instalaciones de autoconsumo en viviendas y locales. Una propuesta a la medida de las necesidades de las viviendas y los pequeños negocios y un verdadero hito tecnológico de Salicru en su apuesta decidida por las energías renovables.















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